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El dibujo: hechizo de luz y sombra

 

Por Magno Fernández dos reis.

 

Esto nos lleva inevitablemente a preguntar si toda expresión es arte. Ejemplo: ¿Si al amasar una hoja de papel, lo que emerge es una forma expresiva; se puede decir que es una obra de arte? Si admito que sí, todo el mundo es un artista y todo lo que se hace es arte.
Considero una guasa creer que todas las personas tienen el mismo talento artístico que Leonardo da Vinci y Vincent van Gogh o que el talento no es más que otra manía inventada por los antiguos. Las personas son iguales en derechos, pero no en la calidad.
  Ferreira  Gular

 

En el dibujo  florece todo: lo sagrado, lo profano, la claridad, la oscuridad; el dibujo habita  entre  la luz y la sombra, entre  el día  y la noche, la muerte y la vida, entre  el miedo  y el osadía, entre la timidez y la ironía. El dibujo  es una  enmarañada elaboración mental, confesional, el  teatro del absurdo, el diario íntimo, un pequeño cuaderno de notas; es un trazo, es una mancha, es color,  gesto,  línea, número, letra, acento. Más que un corte, es el recorte, la raya, el collage, el aumento, la reducción, la fragmentación, la plenitud, el vacíos, la presencia, la ausencias, el garabato y el gato.  

 

Papel y lápiz, papel y tinta. La mano sobre  la superficie nos deja claro que el dibujo es una artesanía mental. Los dibujos  no son ornamentos sobre las paredes de la Casa de La Enseñanza; son homilías, disertaciones y discursos de los artistas chiapanecos que han osado hablar de la diferencia a espera de que el espectador  lea los esbozos para después tomar una copa de vino permitiéndose pensar que la vida  es posibilidad. Por supuesto, el dibujo, en cierto sentido, habla de lo que no se expresa con palabras pues ese silencio es una porción importante der la experiencia del artista: la imaginación, las emociones, incluso, a veces, las experiencias intelectuales. El dibujo dice cosas que las palabras no pueden y las palabras expresan vicisitudes que el dibujo no puede. Curiosamente, me parece que en esta muestra, los dibujos acompañan a la  historia y a los elementos neoclásicos  presentes  en la Casa de Enseñanza, obra de Carlos Z. Flores.

Con la blancura de su pincel, el artista bosqueja un espacio  expresivo y  vital. Entre la tempestad de trazos negros, el espacio se torna profundo; la música  atonal  se  asienta en los intervalos negros. Los trazos negros representan la taquigrafía del alma y su extensión lírica,  llena de energía y pasión.  Los dibujos  presentes en la muestra  de la Casa de La Enseñanza  se disipan y se descubren frente a nosotros  como  la neblina  que cobija las montañas sagradas y los puentes  de San Cristóbal. Los dibujos como nubes delicadas de incontables representaciones sutiles son pensamientos e ideas; el dibujo combativo o resistente se sumerge en los abismos metafísicos,  territorio  de indagaciones filosóficas, silencio  escandaloso.  Dibujar  es descubrir  en  el silencio la voz.  El acto de dibujar  apela  al artista a mirar al objeto, a fragmentarlo  para después  volver  a  unir  los fragmentos en su  imaginación; si el artista dibuja partiendo del recuerdo, la memoria lo impele a poner el corazón en el pasado.  No obstante,  el espectador, al advertir el ejercicio mental del artista, descubre la  diferencia entre el dibujo y  la pintura pues un dibujo es una obra privada que guarda  relación con los intereses del artista; por ejemplo, los relieves de  Tonina se relacionan de forma directa con las exigencias  de la comunicación de una obra pública. Desde mi punto de vista como espectador hay  una distinción equivalente.  Frente  a un  relieve de Tonina logro identificar el tema de la guerra  y  puedo interpretar las imágenes  por  ellas  mismas. Los dibujos de la muestra “Claro/Oscuro, de La Enseñanza me permiten ver la realidad a través de los ojos de  artistas quienes gracias a imágenes me hacen consciente de una experiencia.

 Según  Mario de Andrade, escritor brasileño,  “los dibujos  son para ser contemplados, son para ser leídos como un haiku, como versos populares  y sonetos. Así, Mario de Andrade afirma contundentemente que  “(...)  el dibujo habla, incluso es un tipo de escritura a mano, conectado con la prosa, con la poesía y las  artes visuales;  se encuentra, por lo tanto, entre el  espacio y el tiempo.

 El espectador, los coleccionistas deben aguzar los sentidos ante  las mitologías individuales,  las peculiaridades  colectivas y personales del estado de Chiapas. En esta muestra hay que mirar, sentir y pensar la revelación  de jóvenes  talentosos. Para la contemplación y el debate,  para  la adhesión  o  el rechazo, todos  los dibujos están  en la Casa La  Enseñanza. 

 

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